Clínica de otra dimensión

Después de un largo tiempo de no escribir, hoy relataré un suceso de aquí del vecindario.

He venido a la clínica cerca de casa a realizarme un examen médico general, requisito para el trabajo que empezó este abril.

Gracias a Dios desde hace dos años que nos mudamos no ha sido necesario acudir a la clínica del vecindario, así que hoy fue la primera vez. La impresión al entrar es la de un edificio viejo que ha visto tiempos mejores, con publicidad amarillenta desprendiéndose de sus múltiples puertas que rodean una escalera en espiral. Un calentador de queroseno, también de pinta antigua, intenta elevar la temperatura de este espacio, como lo ha hecho muchos muchos años de manera consecutiva.

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Al entrar busco la recepción, explico lo que necesito, me dan una pequeña forma para llenar y mientras estoy quitándome la chamarra, una mujer de unos cuarenta y tantos entrega unos papeles a la recepcionista. Hasta aquí todo normal. Mientras lleno la forma, muy cerquita de la recepción, la señora pregunta algo que no logro entender, porque ando apurado escribiendo la dirección de la casa, la respuesta al igual que la pregunta es en términos formales… y de la nada empieza el gritadero, ¡devuélvame mis papeles por favor! Lanzándose contra la recepcionista, que ase los papeles entre sus manos con mirada incrédula, y después de recuperarse del susto pregunta que cuál es el problema, que no puede devolvérselos. Otra recepcionista, de unos cincuenta años y con pinta de mayor experiencia le pregunta a la señora agresiva que qué está pasando, si todo está bien. ¡necesito esos documentos de vuelta por favor!, ¡y sopas!, se abalanza de nuevo, esta vez casi consiguiendo arrancarle los documentos. Por favor, tranquilícese. Continúa el intercambio de palabras, la vista de la señora agresiva bailando al unísono de las manos de la recepcionista joven que tiene los papeles cerca del pecho, protegiéndolos para que no sufran una súbita destrucción. Varios minutos pasan, hay que recordar que estoy en primera fila, con el corazón en la mano, no vaya a ser que por desquitar su ira se avalance contra nosotros, pacientes a la expectativa. Uno nunca sabe que pasa por la mente de personas en esa condición. Sale el doctor por una de las puestas laterales, llamando a otro paciente, evidentemente no quiere involucrarse, actuando como si no pasara nada.

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En ese lapso la enfermera con más experiencia accede a devolver el documento, tratando de explicar que no hay problema, que su información es confidencial. La señora alebestrada hace los papeles trizas ahí mismo en frente de la recepción y los mete en el bolsillo del suéter. Después como si nada hubiera pasado, sale por la puerta principal. Ufff, qué alivio que ya se fue. Entrego la forma y me siento lo más lejos por si las moscas, busco en mi mochila el teléfono para empezar a escribir acerca de este episodio, cuando al tiempo que sale la recepcionista a llamar al siguiente paciente, con su respectivo expediente en la mano, al unísono entra otra vez esta señora y le arrebata los papeles a la enfermera que ni tiempo de reaccionar le da, y empieza el gritadero, ahora por parte de las dos enfermeras, que por más experiencia que tenga la enfermera de mayor edad, pierde la calma y forcejea para rescatar los pobres papeles del otro paciente. ¡Estos son los documentos de otro paciente! ¡Espérese! ¡Los de usted ya los destruyó! Parece que un poco de lucidez alcanza a la señora agresiva, que a regañadientes suelta los documentos, todos maltratados. La paciente, cuyo nombre está en esos folios, titubea, no sabe si levantarse y seguir a la enfermera o mantener la mayor distancia posible. La enfermera joven, por su parte le indica el camino dándole vuelta a la escalera en espiral para no pasar en frente de la recepción donde todo el espectáculo se está desarrollando. Mientras, la enfermera de mayor edad le abre la puerta a la señora agresiva, asegurándole que ninguna información confidencial es revelada, que ya destruyó su hoja, no hay nada de qué preocuparse. La susodicha accede, sin comentario alguno, saliendo y desapareciendo en la mañana soleada.

Unos quince minutos después, porque todo el chequeo duró más de una hora, entra el que parece ser el marido de la señora agresiva, preguntando qué fue lo que pasó, escuchando con un semblante sombrío la versión de ambas enfermeras, que por todo el alboroto necesitan desahogarse, sazonando el acontecimiento, asegurando la confidencialidad, reafirmando que todo está bien. Mis respetos la verdad al manejar la situación con calma, en lo que cabe, aunque es posible que no sea esta la primera vez.

Al terminar de escuchar, sólo enfatiza que ella (¿su mujer?) está en tratamiento, y sin pedir disculpas, sale.

¿Donde diablos he venido a hacerme el chequeo médico?… Me quedo pensando.

Primera defensa del doctorado

Hace un par de semanas fue la primera defensa del doctorado. Con tanto ajetreo y preparativos, no he tenido tiempo de escribir, pero aquí estoy haciendo el intento.

Las semanas previas a la presentación, que fue el día 25 de noviembre, fueron de mucha presión. Ensayos semanales en el seminario del laboratorio, correcciones de última hora, llenado de formularios para solicitar ante el departamento la aceptación de mi investigación, principalmente en japonés, entre otras cosas.

Aunque mi presentación fue en inglés, tuve que preparar el resumen en japonés para los profesores que no lo hablan muy bien. Eso me tomó varios días, apoyado por varios estudiantes de licenciatura, y al final revisión y modificaciones por parte de mi asesor.

El resultado fue positivo. Tengo luz verde para continuar escribiendo la tesis, incluyendo las preguntas que me hicieron ese día, (a las que sí pude contestar en mayor parte). Todavía no me cae muy bien el veinte de que esta etapa de estudiante, con todos sus altibajos, está a punto de finalizar.

Lo que más me costó en esos días fue que no pude convivir con la familia, ni jugar con mi hijo que cada día está más despierto y activo. Además de que en esos mismos días nos visitó mi cuñada y yo no pude ayudar mucho. Pero bueno, ya pasó el trago amargo.

¿Que qué sigue? A lo mejor continuaremos la aventura en este país, pero eso lo dejaré para otro escrito.

 

México 2015

Este año sí se nos hizo ir a México después de dos años. En lo personal fue un viaje revelador. Cada día me vuelvo más extranjero, al punto de involuntariamente estar hablando con mi hermosa mamá en otro idioma, y sólo darme cuenta al ver su sonrisa y su mirada comprensiva. También me dijeron que hablo el español como si estuviera traduciendo, cosa que hago usualmente cuando mi mujer quiere hablar con mi familia. Ése es el precio por hablar otro idioma. Y estoy muy feliz de pagarlo.🙂

Fue una estancia corta, y casi no salimos a turistear a lugares alejados. Eso sí, a los lugares que íbamos, como la familia es grande y siempre había alguna circunstancia que retrasaba a alguien, salíamos más tarde que lo planeado, cosa para mí natural, pero para mí mujer no, ya que su familia es pequeña y porque ahora vivimos en esta isla particularmente quisquillosa con el tiempo.

No sé cuándo será la próxima vez que los veré de nuevo, y por lo mismo es invaluable los momentos que pasamos juntos en familia.

Hasta entonces, a echarle ganas con esta última etapa del doctorado y ver qué nos depara el futuro.

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Luciérnagas

Después de tres años hemos regresado a este parque a contemplar las luciérnagas una vez más. ¿Por qué tanto alboroto por unas luciérnagas? Verás, vivir en un área densamente poblada no da oportunidad de contemplar la magia de estos pequeños insectos que concentran la mayor parte de su energía en producir esa luz fosforescente para atraer a su pareja, ajenos a nuestra realidad que consiste en seguirles, sorprendernos, preguntarnos como pequeñas lamparitas intermitentes pueden ascender en graciosas espirales en medio de las gotas de lluvia. Sí, nos tocó lluvia precisamente el día de hoy, pero esto no evitó que lo intentaran, pues quién quita esta sea la noche para encontrar a esa pareja fulgurante que baile al mismo ritmo iluminados por mutuas luces de neón.

Lo sorprendente es que el escenario de este espectáculo natural, aunque pareciera simple, está muy bien montado. Lo sé, ¡Japón! Por lo menos de donde vengo la contemplación de estos pequeños insectos de luz sería fortuita y como parte de una visita al campo o en una cancha de futbol. Sin embargo aquí es anunciada con panfletos y cuenta con personal voluntario que te da la bienvenida al parque a pesar de la hora, te guían en puntos clave del recorrido, porque las ramas de los árboles evitan que la luz nocturna de la metrópoli se cuele y le quite impacto a las estrellitas verdes que de manera aleatoria te invitan a entrar a ese reino que es suyo. Sí, suena mágico y lo es.

Hace tres años vinimos a contemplar las luciérnagas, sin saber que este parque se volvería una parte muy importante en este episodio de nuestras vidas. Tal vez por eso fue mágico, saber que después de tantos acontecimientos estamos de nuevo aquí, agarrados de la mano, llenos de esperanza…

Mientras tanto, en otro parque nuestro retoño también contemplaba las luciérnagas como parte de sus actividades en la guardería.

¡Larga vida a las luciérnagas, símbolo de esperanza y de un futuro brillante!

Camino al campo de luciernagas (蛍の里)
Camino al campo de luciérnagas (蛍の里)

I need you now

I need you now.
Not fragmented, but in one piece.
Concentrated, not superficially contrived.

I want you to suffer genuinely your pain,
not as an alienated man who cannot run away.
Or as a man who pleads with the person in charge
for mercy, looking down with sad eyes.

I need you now.

Your strength, even if it is limited,
your sorrows, even if they are blurry.

I want you back.

I want you to heal,
by means of love
instead of fear.